Pregonar el Rocío



Uno de los actos que encierran mayor importancia cuando nos preparamos espiritual y formativamente para la Romería de Pentecostés, es el Pregón del Rocío.

El primer pregonero que tuvo el honor de escribir y, luego, elevar lo que había escrito a la Virgen del Rocío, fue el ya desaparecido Don Antonio León y Manjón. Lo hacía en la Real Bodega de la Concha de la Bodega González Byass, el año 1955, por encargo de la Hermandad del Rocío de Jerez de la Frontera.

Después, han sido numerosos los pregoneros que han ocupado los atriles de las hermandades rocieras. Todos aportan, desde su forma de ver y vivir el Rocío, diferentes matices que vienen a desembocar en la única realidad, común a todos, que es la Virgen.

Casi la totalidad de las hermandades cuentan cada año con una personalidad que anuncie el Rocío en la tierra concreta en las que están erigidas canónicamente.

Pero pregonar el Rocío es algo que también se puede hacer cada día, desde que abres los ojos hasta que vuelves a cerrarlos para esperar nuevos amaneceres. Se puede pregonar con palabras y con obras, haciendo realidad a cada paso lo que nos parece un sueño esa semana que anualmente nos llena de nervios el corazón que, en este caso, no son malos para la salud, sino todo lo contrario.

Puede que en algún momento hayas compartido vivencias del Rocío con alguien y te conviertes en pregonero de la Virgen, usando el atril improvisado que Ella te pone por delante para que alguien se sienta atraído a su redil.

Te habrás sorprendido a ti mismo cuando has defendido aquello que mancha y daña el Rocío y tu palabra se ha vuelto anuncio del motivo que nos lleva a la Aldea almonteña.

“Por sus hechos conocerán que son mis discípulos”, diría Jesús. Y por nuestros hechos debería conocerse que somos rocieros, porque tenemos una alegría que trasladarle al mundo, corazones que en medio del dolor no pierden la paz ni sienten vacío, porque están llenos de oración y contenido mariano. Por nuestros hechos podemos y debemos ser pregoneros de la Blanca Paloma para que mengüen las contradicciones entre lo que decimos y hacemos y estemos cada vez más cerca de agradar al Pastorcito Divino.

Pregonar el Rocío es tarea de todos los rocieros y no es difícil, es hacer lectura con el ejemplo de nuestra propia vida de lo que la Virgen va escribiendo en nuestros corazones. No es difícil, aunque tantas veces nos parezca un mundo practicarlo.

Francisca Durán Redondo
Directora de periodicorociero.es